
Se entrelazaban de tal manera que conformaban un sólo cuerpo.
Escudriñaban dentro de sus cándidas miradas aquel brillo sutil, mientras se contorcionaban buscando la cadencia de la suave melodía que conformaban sus agitadas respiraciones en la fría habitación.
Era una especie de juego, entre esa traviesa maraña de tímidas carcajadas.
La simple confianza, respeto, incluso esa extraña complicidad.
Les agradaba el hecho de explorar sensaciones, dentro de sensaciones que los exploraban a ellos mismos por completo.
No eran necesarias las palabras, no necesitaban nada más que sentirse mutuamente. Sólo necesitaban dejarse llevar por una serie de efectos y reacciones un tanto contradictorias, ambiguas; pero en fin, agradables.
Se divertían en la soledad de sus simples compañías. Se entretenían entre caricias y pulsaciones desbocadas. Se divertían entre cada bocanada de aire, antes de contener el aliento nuevamente.