viernes, 25 de febrero de 2011

·My little boy

Subió la mirada. Estaba sentado en una orilla de la habitación con las rodillas junto al pecho. Lloraba, y se intentaba esconder bajo sus brazos temblorosos.
Tenía miedo, eso estaba claro. Pero a pesar de eso lo negaba con tal convicción que a veces llegaba a confundirme, e incluso me hacía dudar. Fuera de eso, yo sabía perfectamente lo que él sentía, y sabía perfectamente el miedo que le provocaba pensar en sufrir más de lo que consideraba poder resistir.
Él es un niño. Un niño como de los que no hay muchos. De esos que se esconden tras un montón de palabras que escupen en contra de todo. De esos niños que no sienten odio, pero aparentar odiar le es mucho más fácil que reconocer que lo que realmente quiere es que se le ame con la intensidad que su corazón merece. Es un niño apasionado.
O quizás no sea tan niño. Pero su perfecta manera con que conlleva todo, con esa adhesión a la seguridad que le pueda brindar alguien más, con esa necesidad de que alguien le muestre de qué color es el arco iris, con esa responsabilidad sobre él que recae al mundo entero. Con esas lágrimas que se desperdician. Con todo lo que ocultan aquellos laberintos dentro de su mente, aquellos pensamientos y sentimientos que corren desbocados sin encontrar aún algún destino inequívoco. Hace que todo su mundo y su plena esencia posea la candidez e inocencia de un pequeño niño. Y q
uizás a pesar de que no lo sea, prefiero seguir acurrucándolo entre mis brazos, besándole la frente, acompañándolo en cuclillas allí en su rincón hasta que me parezca que solo se podrá poner de pie a enfrentar sin miedos el mundo que lo rodea
.

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