La vida suele darte sorpresas, dar vuelcos inesperados, dejarte de manos atadas frente a algo que no puedes revertir. Eso es lo que me pasa hoy a mí. Me siento impotente, desesperada, angustiada, y todo por culpa de haber caído en el error de creer en esa falsa idea del amor verdadero. Ese error que cometes por ser una tonta estúpida que cree en palabras, en esas palabritas que se las lleva el viento. El error de quedarme colgada en esa esperanza que pende de un hilo, que no hace falta más que una leve brisa para que todo se te venga abajo. Y en eso finalizaba mi historia hasta hoy. Vivir a base de esa fe irrompible, guardando la esperanza bajo siete llaves, buscando la manera de lograr resurgir y mantener aquello que permanecía roto de hace ya tiempo. Creer, ese es el error más grande. Creer.
Hasta hoy pensaba que lo mejor era dejar de caer en el típico jueguito. Pero me di cuenta de algo: estoy hundida. Hundida, sumergida hasta el cuello, totalmente inmersa dentro de este mar de sentimientos enloquecidos a lo que llaman "amor". Y es lo que más me hace sentir impotente. Pensar que no importa nada de lo que haga, diga, piense, sienta. Porque realmente a él jamás le importó. Jamás le importó nada. Me siento atrapada dentro de mi cuerpo, gritando a toda garganta tras paredes y nadie puede oírme. Siento inhalaciones profundas, mi pecho inflarse y un suspiro tímido que se esconde tras un cuerpo inmutable. Lágrimas de cocodrilo, por mil lágrimas que lloran, sólo una se derrama. Un dolor intenso me recorre de pies a cabeza, duele todo, duele el alma. Ya no sé qué hacer, no sé seguir, no sé virar, no sé dar vuelta la página. No sé cerrar la historia, no sé recomenzar, no sé hacer borrón y cuenta nueva. Sólo sé mirar atrás y añorar todo lo vivido. Añorar esas ilusiones, esas sonrisas enamoradas, esa confianza inquebrantable, esas miradas comprometidas, esas promesas que parecían eternas. No sé cómo echarlo todo al bote de la basura y continuar mi camino, cuando olvidé cómo caminar sola, cuando olvidé que tenía un camino propio, cuando no concibo otro camino que no sea el mismo que el suyo.
Se quebró todo. Se rompió todo. No hay vuelta atrás. Ya no sé qué hacer para no perderlo, y tampoco tengo la seguridad de en algún momento haberlo tenido. Pero extraño todo aquello que en algún momento significó para mí. Extraño amar al hombre que me robaba sonrisas, que me hacía desvelar pensando en cómo sorprenderlo, que buscaba seguridad entre mis brazos, que buscaba calor junto a mi pecho, que buscaba la dulzura de mis labios. Extraño todo.
Duele tanto, tanto el no volver a verlo. Duele que todo tenga su nombre, que todo tenga su esencia, que todo lugar tenga impregnados nuestros momentos, que todo recuerdo sea una experiencia a su lado. Duele sentir su aroma, sentir sus sabores, oír sus canciones. Quiero sobrellevar este dolor tan grande, pero no me siento capaz de dar un paso más allá. No me siento capaz de avanzar queriendo retroceder, echar marcha atrás y volver a sus brazos de una vez. No me siento capaz de seguir. No quiero seguir, no quiero continuar con esta farsa. Mi vida sin él no vale nada. Porque no es mi vida, es su vida. Porque todo en mis días le pertenecía. Porque toda mirada, palabra, deseo, iba dedicado a él.
He pensado cómo amortiguar el dolor. Es tan complicado cuando algo te hace doler tanto, ese dolor intenso es difícil de olvidar. Sólo necesitaría un dolor aún más intenso que me haga fijar mi atención en otra cosa. Necesito hacerme daño, siento la necesidad de menoscabarme, de hacerme tan insignificante que realmente sienta que merezco todo lo que está pasando. Necesito saber que está siendo justa la vida.
A veces la vida nos da sorpresas, da vuelcos inesperados. Yo no esperaba hallarme con esto ahora... yo no esperaba sentirme aún más sola.

Hasta hoy pensaba que lo mejor era dejar de caer en el típico jueguito. Pero me di cuenta de algo: estoy hundida. Hundida, sumergida hasta el cuello, totalmente inmersa dentro de este mar de sentimientos enloquecidos a lo que llaman "amor". Y es lo que más me hace sentir impotente. Pensar que no importa nada de lo que haga, diga, piense, sienta. Porque realmente a él jamás le importó. Jamás le importó nada. Me siento atrapada dentro de mi cuerpo, gritando a toda garganta tras paredes y nadie puede oírme. Siento inhalaciones profundas, mi pecho inflarse y un suspiro tímido que se esconde tras un cuerpo inmutable. Lágrimas de cocodrilo, por mil lágrimas que lloran, sólo una se derrama. Un dolor intenso me recorre de pies a cabeza, duele todo, duele el alma. Ya no sé qué hacer, no sé seguir, no sé virar, no sé dar vuelta la página. No sé cerrar la historia, no sé recomenzar, no sé hacer borrón y cuenta nueva. Sólo sé mirar atrás y añorar todo lo vivido. Añorar esas ilusiones, esas sonrisas enamoradas, esa confianza inquebrantable, esas miradas comprometidas, esas promesas que parecían eternas. No sé cómo echarlo todo al bote de la basura y continuar mi camino, cuando olvidé cómo caminar sola, cuando olvidé que tenía un camino propio, cuando no concibo otro camino que no sea el mismo que el suyo.
Se quebró todo. Se rompió todo. No hay vuelta atrás. Ya no sé qué hacer para no perderlo, y tampoco tengo la seguridad de en algún momento haberlo tenido. Pero extraño todo aquello que en algún momento significó para mí. Extraño amar al hombre que me robaba sonrisas, que me hacía desvelar pensando en cómo sorprenderlo, que buscaba seguridad entre mis brazos, que buscaba calor junto a mi pecho, que buscaba la dulzura de mis labios. Extraño todo.
Duele tanto, tanto el no volver a verlo. Duele que todo tenga su nombre, que todo tenga su esencia, que todo lugar tenga impregnados nuestros momentos, que todo recuerdo sea una experiencia a su lado. Duele sentir su aroma, sentir sus sabores, oír sus canciones. Quiero sobrellevar este dolor tan grande, pero no me siento capaz de dar un paso más allá. No me siento capaz de avanzar queriendo retroceder, echar marcha atrás y volver a sus brazos de una vez. No me siento capaz de seguir. No quiero seguir, no quiero continuar con esta farsa. Mi vida sin él no vale nada. Porque no es mi vida, es su vida. Porque todo en mis días le pertenecía. Porque toda mirada, palabra, deseo, iba dedicado a él.
He pensado cómo amortiguar el dolor. Es tan complicado cuando algo te hace doler tanto, ese dolor intenso es difícil de olvidar. Sólo necesitaría un dolor aún más intenso que me haga fijar mi atención en otra cosa. Necesito hacerme daño, siento la necesidad de menoscabarme, de hacerme tan insignificante que realmente sienta que merezco todo lo que está pasando. Necesito saber que está siendo justa la vida.
A veces la vida nos da sorpresas, da vuelcos inesperados. Yo no esperaba hallarme con esto ahora... yo no esperaba sentirme aún más sola.

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