domingo, 15 de julio de 2012

Angel.



Me sentía morir, y apareció él. Para cuidarme, quizá, indirectamente lo hacía. Extrañamente lograba sacarme una sonrisa, sin la necesidad de nada más que su presencia. Tenía la capacidad de llenarme con esa dulzura que irradia su mirada, tenía la suerte de hundirme en su profundidad cuando nuestras miradas se topaban.
Él, una suave melodía que sólo habla de esperanza. Él, una caricia silenciosa, me cuenta muy despacio sobre un beso secreto que murmura entre labios.
Me echa a volar, así, acompañando mi vuelo. Se echa a volar, extiende sus alas al cielo.
Mi ángel, eso es. Es mi ángel guardián.
Es un ángel que vela por mi felicidad.
Sin saberlo haz vuelto mi vida de colores. Sin saber, me he puesto de pie aferrándome a ti. No sabes lo mucho que me has enseñado, ni lo mucho que he crecido a tu lado. No tienes la menor idea de lo que me haces sentir.
Pero velas por mi, lo tengo claro. Me guardas una dosis de dulzura para quitarme el sueño con tu mirada una vez más. Me llenas de esa sensación que llaman enamoramiento. Me haces alucinar que tú sientes igual. Me haces volver a creer que se puede realmente confiar... No hay amor que dure lo que tiene que durar, así que aprovéchalo! Quiero aprovecharme de ti esta vez... Gracias, Gabriel.

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