lunes, 28 de junio de 2010

·Love You ♥

Buscaba la manera de hacerte un regalo. No cualquier regalo, quiero el MeJoR ReGaLo de todos.
Quisiera darte algo con sentido, con un significado nuestro.
Me gustaría darte un corazón ♥ como el mío, que latiera para ti cada día.
Me gustaría darte un arco iris dentro de una caja, para que al abrirla iluminase tu sonrisa.
Te daría hasta mi vida, pero no imagino cómo. Te daría cada esencia de los recuerdos que hoy añoro.
Quiero hacerte un regalo, amor. Enserio el más hermoso deTODOS. Te daría la Luna, el SoL y el CieLo aZULOSO.
Te daría mi todo. En resumen, te doy mi Amor!
Te amaré de aquí hasta siempre. Para siempre seremos "Tú & Yo".
m&m's ♥ foreverandevertogether


domingo, 13 de junio de 2010

·Play with my feeling


Y todo lo que puedo o podría dar, sería por ella. Aunque para ella no sea más que un juego.
Quizás de tantas vueltas que de la vida, ella terminara enamorándose de un imbécil como yo. De un hombre con cuerpo de niño, o un niño jugando a ser hombre. Ojalá pudiese adivinar el futuro y así saber con qué sorpresa me encontraré mañana: "Te quiero" y un abrazo, de esos que tanto disfruto; o talvez una mirada con indiferencia, y no saber de ella hasta otro día en que ande de buenas.
Ojalá también pudiese leer esas lágrimas invisibles con las que repleta su mirada. Leer esa sonrisa, y saber así cuál es su alegría. Ojalá poder regalarle un arcoiris dentro de una caja, y así verla sonreír cada vez que quiera abrirla, con esa expresión expectante que tanto me gusta ver en ella. Como si todo fuese una gran sorpresa. Como si eso tan cotidiano, perdiera sentido para que ella pudiera otorgarle uno más adecuado, y tan diferente cada día.


¿Podrías dejar de actuar como un espejo, dejar de imitar mis falsos movimientos?. Deja de hacerme creer que lo que dices es cierto. Puedo quererte sabiendo que estoy sufriendo. Puedo abrazarte, aunque al abrazarte me queme por dentro. Puedo besarte, y entregarte mi vida entera en un solo beso.
Y aunque seas esa pequeña muchacha que demuestra ser tan frágil. Lo sé, eres fuerte. Estás llena de carcasas, estas llena de paredes que me impiden descubrirte por completo. Estás llena de tabúes, de innombrables y reservas. Estás llena de silencios, a veces pareces tan muerta. Y pareces tan suave, tan delicada como el pétalo de una rosa. Quisiera cuidarte, pero yo debería ser quien se cuidara de ti. Cualquier día de estos me encontraré diciendo que te perdí.
Parecerás un sueño, dentro de mil ilusiones de ensueño. Sabré que jamás te tuve, por lo que realmente nunca te perdí. Seguiré siendo tu juego, a pesar que ya lo ganaste. Serás mi fantasía, mi cuento de hadas sin final feliz.


sábado, 12 de junio de 2010

·Little Kitty


Cuando abrió los ojos, nada era lo mismo. Ya no sentía el calor de un hogar, más bien hacía un frío que calaba los huesos.
Se puso de pie, mientras buscaba una salida entre las paredes de cartón que lo rodeaban. Era un espacio reducido para él y sus tres hermanos. No tenían comida, la leche que se hallaba en un pequeño pocillo había sido derramada sobre un frío género, en el cual dormían aún sus hermanos.
Se levantó sobre sus patas traseras tanteando el techo de la caja hasta poder abrir un pequeño agujero por el que pudo observar el exterior. Era todo tan diferente. Gran cantidad de piernas apresuradas se dirigían en distintas direcciones, sin percibir la presencia de la caja de cartón. Intentó abrir un poco más, sacando una de sus patas delanteras por el pequeño espacio. Rasguñando pudo romper la cinta que sellaba la tapa de la caja, y así pudo abrirla para salir de ella.
Caminó en dirección desconocida. Nada le parecía familiar. Nada le parecía seguro. Pero la curiosidad le llamaba a seguir su camino sin rumbo fijo.
Caminaba agazapado, siempre alerta a cualquier peligro. Estaba asustado. No comprendía qué había pasado con su querida familia. No sabía dónde estaba su madre.
Un par de niños se detuvieron frente a él: "¡Que bonito minino!", exclamó uno, seguido por el otro "Pero si es un hermoso gatito. Madre, ¿podemos quedárnoslo?". La mujer desinteresada, siguió su camino sin responder a la absurda pregunta. Los niños se quedaron un momento acariciándolo y luego se marcharon.
Se sentó entonces bajo un vehículo, observando nuevamente a su alrededor. Maulló tímidamente, esperando una respuesta. Extrañaba su hogar, extrañaba a su madre, extrañaba a sus hermanitos. Se sentía solo.
Siguió su camino, esperando encontrar el camino que lo llevaría de vuelta a casa.
De pronto, sintió un fuerte sonido, atemorizante. Se engrifó y echó a correr lo más rápido que pudo, sin mirar atrás. Ladrando, casi rugiendo, venía un enorme perro corriendo tras él. Sin pensarlo mucho (sin siquiera haberse enterado antes de su capacidad para ello) trepó un árbol lo más alto que pudo, para quedar fuera del alcance de su feroz oponente. Sentía que su pequeño corazoncito se saldría de su pecho en cualquier momento, latía desbocado. Estaba agitado, la respiración y el palpitar de su corazón iban a mil por hora. No sentía las patas. Sus garras estaban incrustadas a la rama del árbol, y el pelaje del lomo continuaba engrifado. Así se quedó durante un largo rato. Era el mayor susto de su vida, quizás era hasta el único.
Cuando ya recobró el aliento recuperó la conciencia, notó que estaba tan alto que ya no sabía como bajar de allí. El susto que había pasado con aquella enorme bestia no le había dado tiempo suficiente para darse cuenta de lo que estaba haciendo.
Quiso bajar, pero no pudo conseguirlo. De a poco empezaba a oscurecer y seguía sobre ese árbol, ya un poco hambriento. Comenzó a maullar, a gemir, a hacer todo tipo de sonidos con tal de lograr que alguien viniese por su ayuda.
De pronto, un niño caminaba por la calle y escuchó los ligeros maullidos del pequeño gatito. Puso mejor atención hasta que notó de dónde venían aquellos sonidos: de arriba de un árbol, de un gato pequeño que no sabía cómo bajar de allí. El joven intentó subir al árbol hasta que pudo alcanzarlo y lo tomó con una de sus manos mientras con la otra se aferraba a una rama. El gato asustado, atrapó el antebrazo del niño clavando sus garritas contra la manga del polerón. "Ya estás bien, ¿qué hacías allí arriba?", dijo mientras dejaba al animal en el suelo "¿de dónde eres?, ¿quién te ha dejado aquí?". Él gato observaba al chico hablarle y agitaba la cola lentamente de un lado a otro. "Te llevaré conmigo, es peligroso que te quedes aquí", lo tomó entre sus brazos y caminó en dirección a su hogar "Quizás mi madre no te quiera allí, pero intentaré convencerla. ¡No te puede dejar en la calle!, eres muy pequeño".

martes, 25 de mayo de 2010

· Dream with me






- ¿Cuántas veces he soñado despierta? - se preguntaba, dibujando una sonrisa traviesa entre sus labios.
Sacudía suavemente la cabeza mientras pensaba la respuesta.
Sonreía, vacilaba entre una tímida mueca y una disparatada carcajada.
- Sueño despierta, eeeh... siempre lo hago. Lo hago contigo cada día. Sueño que tú realmente me amas - respondió mientras miraba de reojo a Gabriel, que se encontraba a su lado derecho, sentado sobre el césped.
- Te amo, Constanza, enserio - bajó la mirada con los ojos brillantes, humedecidos - ¿me vas a decir que acaso no lo demuestro?

Él tomaba las cosas tan enserio. Para Constanza no era más que un simple juego.
No es que tomara esta relación como un juego, no es que intentase jugar con los dulces sentimientos de su amado Gabriel. Constanza se dedicaba a vivir la vida a su manera. Solía ver las cosas con esa magia que la mayor parte de la gente había perdido. Constanza jugaba a que podía ser feliz dentro de un mundo lleno de crueldad e injusticias.


- ¿Tú no sueñas? - preguntó Constanza.
El muchacho desconcertado, se quedó unos segundos organizando su respuesta.

- Constanza... - dijo, y volvió a callar. Al cabo de unos segundos, sus labios susurraron algunas palabras un tanto indecisas. Como si en un suspiro echara todo fuera de sí. Como que a pesar del infinito número de palabras, no hubiesen ningunas capaces de expresar por completo aquella idea que revoloteaba en su mente - Mira, Cony. Claro que sueño, todos tenemos sueños. Pero yo no sueño que me amas, prefiero simplemente creerlo. Y prefiero tener mis pies en la tierra, antes que vivir en una fantasía. Vivimos en una realidad, mi amor, allí donde los cuentos de hadas no nos alcanzan - tomó una bocanada de aire antes de continuar - ... A veces te siento tan absorta, tan fuera de todo. Hay momentos en que creo que no le tomas el verdadero peso a las cosas. A veces creo que tu inocencia no es digna de este mundo, e incluso, a veces creo que no eres digna de mí.

- ¿Crees que los árboles oyen lo que hablamos? - dijo Constanza.

A veces su fantasía cruzaba los límites de lo convencional. A ratos, las curiosas dudas que le surgían eran un tanto infantiles y absurdas, pero no por eso imposibles, decía ella. Quizás debía dejar de soñar, y simplemente creer. Talvez debía alejarse de sus ideas ilógicas y acercarse más al mundo real. Quizás debía explorar y buscar el oído de los árboles...

lunes, 24 de mayo de 2010

·Sofía


Sofía es una niña, según dicen, algo distraída. De esas que muerden los extremos de los lápices mientras observan por la ventana en clases de Álgebra. A Sofía le gustan los días de lluvia, los días en que llueve a ratos y luego en el cielo puedes ver un arcoiris. También le gusta ver películas francesas, tomar café en tazón, y leer algunas novelas. A ella le gusta mucho escribir, escribe poemas, poemas de amor. Dice estar enamorada del Sol, y que le gustaría construir una enorme escalera para llegar hasta las nubes, y así poder verlo de más cerca. Sofía ama los tallarines con salsa bolognesa, el tomate picadito en cubos (no cortados en rodajas, sólo en cubos), y el limón con sal partido a la mitad. Le gusta pintar acuarelas, hacer degrades multicolores, y dibujar personitas diminutas navegando un canal de Venecia. Ella no odia nada ni a nadie, pero le desagradan a sobremanera las canciones en inglés Norteamericano (pues dice que la pronunciación es horrible), los pulgones en las plantas de mamá, las personas que no pagan en el transporte público, y los días demasiado soleados (sobre todo cuando no lleva dinero para comprar un refrescante helado de chirimoya-alegre, su favorito). Sofía no suele ir a fiestas, no le gusta el alcohol, ni le llaman la atención las drogas (por un tiempo pensó en fumar cigarrillo, pero de inmediato desecho la absurda idea). Sofía ríe con chistes cortos, con telenovelas mexicanas, en fotos con amigas, y al imaginar figuras con las nubes. Llora con el shampoo en los ojos, con una que otra película infantil, en las visitas al cementerio.
Mamá le contaba historias cuando pequeña. Solía contar historias con un final feliz. Sofía creció ignorando que hay finales que no son felices, y entonces fue así como tuvo que aprender ese pequeño detalle de la vida.
Eric era su novio, ella lo llamaba "su media naranja". Salían varios días a la semana, la verdad no lo suficiente. Ella lo amaba, era el rayito de Sol que iluminaba sus días. Un día Eric conoció a otra, y sin más ni menos, dejó a Sofía. Se fue con otra, con otra que no imaginaba figuras en las nubes, que no amaba los días de lluvia, que no escribía poemas, ni gustaba de los tallarines con salsa bolognesa. Se fue con otra que no era distraída, se fue con otra totalmente diferente a Sofía. Entonces ella pensaba que entonces jamás la quiso realmente, jamás quiso a la chica enamorada del Sol. Eric sólo jugó con ella.
Así fue como aprendió que las historias no siempre tienen finales felices, y que la gente no siempre es como uno piensa. Aprendió a no confiar en nadie, y a no entregarse por completo. Comenzó a pintar acuarelas de bosques oscuros, sin personitas navegando, sin canal de Venecia. Recicló la idea de fumar cigarrillo, y empezó a asistir a fiestas. Decía que así se sentía mejor, que era la vida real que antes no conocía. Lo cierto era que ya no era la niña distraída, ya no era la chica de siempre. Lo cierto es que ese joven decepcionó a la muchachita. Lo cierto es que ella ya no era Sofía.

jueves, 6 de mayo de 2010

·It's like a rainbow



Creía que la lluvia, eran gotitas de lágrimas. Creía que la nieve era azúcar que caía de los cielos. Creía también que el arcoíris eran trocitos de la mina de una infinidad de lápices de colores. Y hasta ayer creía que podía seguir viviendo de esa absurda fantasía.

lunes, 3 de mayo de 2010

·Ballet


Era ya más del medio día, y Antonia continuaba observando caer las finas gotas de lluvia a través del cristal. Llevaba alrededor de un par de horas allí sentada frente a la ventana del gran salón. Como ida. Como inmersa en su propio mundo.

Pensaba algo. ¡Claro!, algo debe haber hecho durante ese misterioso trance: imaginaba. Jugaba con las siluetas, movimientos. Aquellos movimientos tan inesperados, y un tanto improvisados. Aquel maravilloso conjunto, ese "todo" tan agradable a la vista. Esa combinación precisa de maniobras un poco alocadas; pero que nunca, jamás perdían esa cadencia tan característica del simple actuar de la naturaleza sobre todo eso que nos rodea (era como solía describir cada minúsculo detalle de su disparatado entorno).

No hallaba la manera de poder imitar, o si tan sólo fuese asemejar algunos de esos movimien
tos, de aquella majestuosa cadencia con que danzaban las figuras, aquellas siluetas. Esas gotas cristalinas que caían desde los cielos, y morían con gracia y lentitud en este suelo tan muerto. Ese vibrar de las hojas de los árboles meneándose al compás del viento.

Antonia no encontraba los medios para imitar aquella bella sincronía. Se paraba en la punta de sus finos pies, y brincaba con elegancia. Giraba delicadamente, suave, liviana como una pluma. estiraba sus brazos hasta la punta de los dedos. Pero no se conformaba con su "mísero" resultado.



La lluvia cesó. Antonia estaba agotada sentada sobre una gran alfombra. Miró la ventana, mas ahora no observó nada. La calma reinaba. Todo estaba plenamente sumergido dentro de esa calma que replet
aba todos los rincones luego de una día lluvioso. Se sentó nuevamente frente a la ventana, y se dedicó a observar... simplemente. Esta vez no imitaría esa esencia creada para su
pura admiración. Esta vez se dedicaría a contemplar todo aquello. Luego los pasos saldrían, luego se dejaría llevar por sus propias emociones. Luego podría transformar toda la experiencia vivida, en sentimientos para luego llevarlos a la danza, en vez de intentar asimilar aquellos movimientos.

Antonia estaba feliz con su nueva conclusión. Después de un rato, comenzó a bailar hasta crear la más bella sucesión de pasos dulcemente adornados con los más puros sentimientos nacidos de un día de lluvia.