miércoles, 19 de octubre de 2011

·Dancing in the rain.

Detuvo el auto y me miró. Había sido un largo camino en silencio, sin una sola palabra. Me puse nerviosa. Mi corazón latía fuerte y mi respiración se entrecortaba. Su miraba penetraba en mi piel provocando un escalofrío que me recorría de pies a cabeza. Tenía una expresión juguetona, su hermosa boca esbozaba una sonrisa traviesa. Quería algo.
Al fin rompió el silencio con su voz dulce y calmada. Me mecía en el vaivén de sonidos que salían melodiosos de su garganta, con una modulación exquisita, con una voz fascinante. A menudo me parecía escuchar sólo el eco de sus palabras resonar en la lejanía, mientras me deleitaba con la belleza del sonar de su voz. Como si los sonidos se dividieran en distintas dimensiones, como si mis sentidos priorizaran oír que escuchar, como si las palabras perdieran sentido alguno al oír tan suave y dulce melodía.
Me quedó mirando expectante, aún con esa mirada juguetona que tanto me gustaba.
- ¿Ah? - pregunté, desconcertada.
- ¿No me oías? - dijo, y sonrió. - Que si te gustaría bailar, te decía. ¿Te animas?
Sonreí, sin saber muy bien de qué hablaba. ¿Bailar? Estábamos en plena calle, llovía. Aunque no se veían pasar autos, era algo extraño bajarnos aquí para bailar. Tampoco quería mojarme. Era tarde y hacía frío.
Lo quedé mirando perpleja. Él seguía ahí, mirándome, esperando una respuesta.
- ¿Ahora?, ¡estás loco! Vamos a un lugar a bailar si quieres. ¿Pero aquí? - sonreí - Amor, está lloviendo. Vamos a casa, no voy a bailar aquí contigo...
Su expresión cambió bruscamente. Pude ver la frustración en sus ojos, ya no brillaban. Su sonrisa se esfumó. Me quedó mirando nuevamente.
- ¿No? - insistió.
Lo observé, ahí sentado frente al volante. Un muchacho de cabello castaño con reflejos dorados. Una mirada profunda y llena de sentimientos. Hermosos ojos pardos. Un jovencito travieso, espontáneo.
¿Cómo decirle que no? Cómo iba yo a dejar que se frustrara, sólo por no querer dejarme llevar por uno de sus tantos juegos. Cómo no querer fantasear a su lado. Cómo no querer abstraernos de todo, pensar que no existe nadie más que sólo nosotros en este mundo. Cómo no querer vivir una locura junto a él, hacer el ridículo sin importar nada. Cómo no querer perder la vergüenza por juguetear junto al amor de mi vida. ¿Cómo no querer bailar junto a él bajo la lluvia?
No dije nada, no respondí y bajé del auto. Luego bajó él tímidamente, sin comprender nada. Se quedó de pié, esperando una explicación o algo. Me acerqué a él, le tomé una mano y le di una vuelta. Me acerqué a él:
- ¿Bailamos? - le susurré al oído.
Comenzó a tararear suavemente una hermosa melodía. Valsamos lentamente. Lo miraba fijamente a los ojos mientras danzábamos al son de la bellísima canción que brotaba de sus labios.

La lluvia sobre nosotros. El agua cayendo por su rostro, su cabello empapado. Su cuerpo junto al mío. Nuestras risas haciendo eco en el silencio de la noche. El repiquetear de las gotas sobre el automóvil, sobre la calle. Nuestros cuerpos humedecidos. Nuestras miradas compenetradas. El roce de nuestros labios. Los giros, el meneo de sus caderas, sus pasos cadenciosos. La suave melodía que tarareaba para mí...

lunes, 17 de octubre de 2011

·Our Time.


Dormía, ahí. Justo frente a mí. Unos tenues rayos de sol atravesaban la ventana y se posaban sobre su suave piel blanquecina. Parecía la luz reflejarse con destellos dorados en sus mejillas. Brillaba, o tal vez yo lo veía de esa forma. Se veía mágicamente bello, y apaciblemente sereno. Estaba tranquilo. Quizás envuelto profundamente en plácidos sueños, de aquellos en los que me encantaría estar para compartir sus fantasías.
Recostado a mi lado, frente a frente su rostro con el mío. Su respiración pausada, calma. Transmitía una sensación apaciguadora, irradiaba ternura.
Quise besarlo, preferí no perturbar sus sueños. También quise acariciarlo, pero me bastó con contemplar la perfección de su quietud.
Sentir su respiración era un éxtasis fascinante. Su cuerpo emanaba calor que recorría escalofriante mi columna vertebral. Me enloquecía. Era desesperante tenerlo ahí, frente a mí, y no tener posibilidad de tocarlo. Aunque fuese porque yo no quisiese, me provocaba una ansiedad desenfrenada, donde sólo existía el afán de sentirlo, y a la vez la conformidad de saber que se encontraba en un ensueño del cual yo no iba a despertarlo.
Al paso del tiempo, quizá horas o minutos, comenzó a moverse. Pequeños movimientos lentos y tranquilos. Luego se estremeció. Parecía ser un sueño aterrador. Parecía haber perdido la paz, convirtiendo su plácido sueño, en una horrible pesadilla. No me atreví a despertarlo, no me atreví siquiera a tocarlo. Por suerte, no fue necesario. Sus hermosos ojos empezaron a parpadear, y luego a observar alrededor reconociendo el lugar.
Sí, era mi casa. Quizá le costaría un tanto más reconocer una habitación que no era la suya, una cama que no era la suya, y una mirada que no acostumbraba a encontrar al despertar.
Fijó la mirada en mí, me sonrojé. Su mirada brillaba con el resplandor del sol a través de la ventana, brillaba junto a su rostro y el resto de piel alcanzada por los rayos. Sus ojos claros como posas de agua cristalina, aguas color esmeralda, verdosa. Me sumergía en su mirada, y me perdía en la profundidad de las tonalidades en ella.
- Hola - dijo. Y no bastaban más palabras. Tener su mirada fija en mí valía mucho más que mil palabras. Su mirada decía mucho más, su mirada expresaba mucho más. Podía observar a sus ojos revelar un fuerte amor y una tranquilidad única. La seguridad que le brindaba y la protección que podía darme. La complicidad y el fuerte lazo que nos unía. Eso y mucho más, todo lo abarcaba su hermosa mirada.
- Hola, amor - dije, y por fin pude acariciarlo. Sentir su suave piel. Posar mi mano en su mejilla, hacerle cariño. Tomar su rostro entre mis manos, y acercarme tímida y frenéticamente para besar sus labios. Su perfección era alucinante, su belleza era enloquecedora. Sus facciones eran hermosas. Su boca tentadora, y esa tentación aumentaba al sentir el contacto de sus dulces labios. Ansiaba sus besos, ansiaba sentir su piel. Ansiaba sentirlo, completamente. Ya no había motivo para mantenerme alejada, ya no perturbaba su descanso, ya estaba despierto y no había razón por la cual dejar pasar este momento. Era momento para sentirlo. Para sentirnos. Era momento para dejar fluir esas emociones, esos sentimientos, el amor. Ya era tiempo de darnos nuestro tiempo.

viernes, 25 de febrero de 2011

·My little boy

Subió la mirada. Estaba sentado en una orilla de la habitación con las rodillas junto al pecho. Lloraba, y se intentaba esconder bajo sus brazos temblorosos.
Tenía miedo, eso estaba claro. Pero a pesar de eso lo negaba con tal convicción que a veces llegaba a confundirme, e incluso me hacía dudar. Fuera de eso, yo sabía perfectamente lo que él sentía, y sabía perfectamente el miedo que le provocaba pensar en sufrir más de lo que consideraba poder resistir.
Él es un niño. Un niño como de los que no hay muchos. De esos que se esconden tras un montón de palabras que escupen en contra de todo. De esos niños que no sienten odio, pero aparentar odiar le es mucho más fácil que reconocer que lo que realmente quiere es que se le ame con la intensidad que su corazón merece. Es un niño apasionado.
O quizás no sea tan niño. Pero su perfecta manera con que conlleva todo, con esa adhesión a la seguridad que le pueda brindar alguien más, con esa necesidad de que alguien le muestre de qué color es el arco iris, con esa responsabilidad sobre él que recae al mundo entero. Con esas lágrimas que se desperdician. Con todo lo que ocultan aquellos laberintos dentro de su mente, aquellos pensamientos y sentimientos que corren desbocados sin encontrar aún algún destino inequívoco. Hace que todo su mundo y su plena esencia posea la candidez e inocencia de un pequeño niño. Y q
uizás a pesar de que no lo sea, prefiero seguir acurrucándolo entre mis brazos, besándole la frente, acompañándolo en cuclillas allí en su rincón hasta que me parezca que solo se podrá poner de pie a enfrentar sin miedos el mundo que lo rodea
.

sábado, 11 de septiembre de 2010

·Just a Night.




Como cada vez que ocurría, para ella no era nada más que un juego. Luego de acabar: 'Toma tus cosas y lárgate', decía fríamente. Era cosa de rutina, salir noche por medio a buscar algún chico con el cual acostarse y tener, simplemente, un poco de sexo. De ese sexo casual, sin amor, sin ni una pizca de amor. Él, exhausto, se vestía deprisa para luego desaparecer tras la puerta de la habitación.
Ella es una de aquellas mujeres que al pasar por la calle los hombres se voltean a verla. Es realmente hermosa, pero por sobre todo, coqueta. Le gusta usar escotes pronunciados y ropa que resalta su figura curvilínea. Suele concurrir a discotecas, lugares donde luego de un par de minutos ya tiene una buena cantidad de varones a la siga.
A pesar de esta suerte innata con el género masculino (y algunas veces femenino), ella no lograba sentirse cómoda consigo misma. Cada vez que prestaba su cuerpo para ser víctima furtiva y desenfrenada del placer, se sentía más sucia y vacía, y creía no poder hacer nada para remediarlo. Estaba absurdamente convencida que nada conseguiría llenar aquel vacío.
Llegó alrededor de la media noche a un bar cercano por un par de cuadras al departamento que arrienda. Se sentó y pidió un trago mientras observaba impaciente lo que se le ofrecía
en el lugar. Detectó entre la multitud a un joven un par de años menor que ella que llamó especialmente su atención, y como era de costumbre, se acercó provocativa para invitarlo a que la acompañara a su departamento. El joven se mostró entusiasta, y pronto ya se encontraban frente a la puerta del apartamento, ella con las llaves en las manos buscando la correspondiente a la puerta principal (los efectos del alcohol se lo dificultaban en demasía).
Cuando entraron al departamento, lo tomó de un brazo y lo llevó directamente hacia la habitación. Comenzó a besarlo mientras, desinhibida, comenzaba a quitarle la camisa al muchacho. 'Detente!', dijo el joven volviendo a abrochar los botones de su camisa, 'me invitaste sólo para esto?', pregunto ingenuamente. Ella, desconcertada, no sabía qué decir. No estaba acostumbrada a este tipo de reacciones. Generalmente las cosas se le daban fáciles, tal como ella las planeaba. No sabía cómo responder frente al rechazo del muchacho. Era una cosa de rutina, algo que nunca cambiaba: ir en busca de su presa (como ella lo llamaba), subir al departamento, desnudarse, tener sexo, y algunas veces dormir antes de que el hombre se retirara satisfecho luego de un intenso affaire con aquella fascinante mujer. Pero.. esto? Esto no era algo para lo cual ella se encontrase preparada. 'Pensé que nos conoceríamos, conversaríamos. No me darás tiempo para conquistarte?... Quizás fui demasiado ingenuo. Pero no podía rechazar la invitación de una chica tan hermosa. Aún así, no tengo intenciones de simplemente acostarme contigo para luego nunca más volver a verte', decía el muchacho 'no, yo no... yo... no puedo... no podría tener sexo sin conocerte, sin siquiera tener un poco de cariño hacia ti... Lo siento, pero si es eso lo que querías, conmigo estas perdiendo tu tiempo'. El joven se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.
Ella ya había comenzado, no iba a dejar que la presa se le escapara de entre sus garras. No dejaría que él atravesara esa puerta sin que antes le diera lo que ella quería. Si era necesario, pondría en juego todas sus tácticas de seducción para mantenerlo dentro de esa habitación. Quiso ser un poco más jugada e ir directo al grano, más que mal, todos los hombres con los que había tranzado siempre tenían una sola cosa en mente, todos tenían un mismo objetivo y el mismo punto débil: lo tomó firmemente por detrás y comenzó a deslizar la mano sobre su vientre mientras la introducía suavemente en su pantalón, 'y te vas tan luego?', susurró cerca de su oído con sensualidad. El muchacho, un tanto cohibido, retiró la mano de la chica con sutileza 'En serio, por favor... es que acaso no lo entiendes?'. Ella no respondió y bajó la cabeza. A su respuesta, él inquirió 'no te han hablado de amor?... no has sentido amor?... Entonces, a qué viene todo esto, toda esta entrega, si no es por amor?', suspiró 'Mira, piénsalo un poco y mañana veremos si lograste llegar a algo dentro de esa cabecita. Nos encontramos donde mismo. Yo estaré, espero encontrarte allí'. El chico sacó un papel arrugado de su bolsillo y un lápiz tinta azul. Escribió rápidamente sobre el papel, y luego lo depositó sobre las manos de la mujer 'mi número... para mantenernos en contacto' y luego se marchó.

Estuvo durante toda la noche pensando en aquel episodio. En el muchacho, en la manera en que la había tratado. Tan sutilmente. Ella no acostumbraba a tratar con hombres como él. No le cabía en la cabeza que existiera un hombre capaz de valorar el amor sobre el placer sexual, pues para ella, el hombre era un animal que seguía plenamente sus instintos y lo que su cuerpo le pedía. En este caso, su deseo sexual. Él era diferente, él llamaba su atención.
Comenzó a experimentar una suerte de obsesión durante el día. Recordaba al muchacho, su pelo castaño algo ondulado, sus ojos marrones, sus escasas pecas sobre los pómulos. Cada pequeño detalle cobraba un especial protagonismo dentro de sus pensamientos. Tomó el papel, sobre el cual resaltaban ocho números escritos de azul. Tomó su celular mientras marcaba vacilante los ocho números que aquel joven había escrito. Luego colgó. No quería llamarlo, pero tenía unas ansias locas por volverlo a ver. Quería tener la seguridad de que lo encontraría allí, en el mismo bar, a la misma hora esta noche.
Cuando ya era media noche, la mujer ya se encontraba sentada en la barra. Había pedido algo suave. Esta noche quería estar sobria para tomar la mejor actitud frente al muchacho, si lo encontraba. Él no apareció. Pasaban las horas, y ella no lo veía por doquier. Eran alrededor de las 3:00 a.m, cuando una mano se posó sobre el hombro inquieto de la mujer. Era él, la miraba sonriente: 'Pensé que no vendrías. Perdón por el retraso, pero tuve realmente miedo de que no te presentaras hoy'. 'Descuida', dijo nerviosa mientras lo miraba fijamente a sus ojos marrones '¿Vamos?'. 'Te sigo, preciosa', respondió el joven con una sonrisa un poco torcida.
Llegaron nuevamente al departamento. Esta vez, ella no tuvo problemas para encontrar las llaves. Estaba sobria, al igual que él. Entraron y se pusieron cómodos sobre el sofá.
'Bien, aquí estamos nuevamente. En tu apartamento', dijo el muchacho 'Por qué prefieres comenzar?, qué tal si me dices tu nombre? Yo soy Philippe'. 'Yo soy Nenita', respondió 'Digo... me dicen Nena, también puedes decirme así'. 'Y cuál es tu nombre, Nenita?', preguntó él. 'Sophie'.'Bien, Sophie... y tu edad?', siguió Philippe con las preguntas. 'Tengo veinticuatro', dijo la mujer. 'Tengo diecinueve', dijo el muchacho.
Siguieron hablando sobre sus vidas, conociéndose. De a poco Sophie dejó los nervios. Incluso en más de alguna ocasión rieron juntos, recordando importantes acontecimientos de sus vidas. Así, se les pasó volando la noche. A la mañana siguiente Philippe se retiró, satisfecho. Como la gran mayoría de los hombres que se retiraban de esa habitación, de ese apartamento: satisfechos. Pero él estaba satisfecho de lo que había logrado junto a esa mujer. Por primera vez Sophie había salido de caza, consiguiendo una presa con la que se sentía a gusto y conforme. Por primera vez, no había salido de casa en busca de sexo, o de algo pasajero. Sophie se estaba interesando realmente en aquel muchacho. Y el muchacho le correspondía en sus sentimientos por ella. Se podría decir que durante esa noche habían compartido algo que iba mucho más allá que una simple entrega carnal, porque ellos habían compartido sentimientos, emociones, experiencias. Ellos habían entregado su amistad, su confianza, a un completo desconocido. Pero lo más importante, era que así mismo dejarían de ser desconocidos. Pues no sería la última vez que verían.
Más tarde, Sophie se disponía a salir de compras. No tenía nada que comer, e iba a ir por algo que hacer de almuerzo. Abrió la puesta y sonó el timbre. Frente a ella se encontró con Philippe, con una mano sobre el timbre, mordiendo una pequeña margarita que rápidamente sacó de su boca para entregársela. Traía bolsas con comida china. 'Buenas tardes, traigo algo de comer. Puedo?', dijo mientras avanzaba un poco para entrar al departamento. 'Adelante', dijo Sophie y abrió la puerta. Dejó las bolsas sobre una pequeña mesa redonda del comedor, justo a un lado de la entrada, tomó a Sophie por la cintura, la acercó lentamente hacia él, y besó suavemente sus labios. Sophie sonrojó. Él sonrió y dijo 'Disculpa, creo que estoy llendo muy rápido'. 'Descuida, estás llevando el tiempo perfecto', dijo Sophie mientras esbozaba una sonrisa tímida.

viernes, 2 de julio de 2010

·It's me

Entonces caminé muy decidida. Volteé por última vez para asegurarme de que no seguías mis pasos, pero no logré verte. En el fondo, aún seguía esperando verte en la estela que dejé en mi camino, pero también en el fondo sabía que no lo harías.
Un abrazo forzado, un beso mal dado. Me dolía todo eso, pero no puedo hacerlo de otra forma. Bien sabes el poco tino que tengo cuando me pongo de esta forma, tiendo a decir mucho más de "sólo lo que pienso", suelo decir cosas que te dañan más que decirte alguna verdad.
Subí a la micro después de echar el último (esta vez sí el último) vistazo, para ver si aparecías por algún lado (seguía la absurda esperanza de poder correr a abrazarte, esta vez sin forzarlo), pero fue inútil. Ya está más que claro que no eres el de las sorpresas, tendré que conformarme.
Subí con el estómago en las manos (suena un poco desagradable) y no pude evitar derramar una lágrima mientras otra vacilante se notaba indecisa respecto a su destino. Me sequé las lágrimas con la manga de tu polerón, y me senté en un asiento junto a la ventana (como de costumbre).
Al llegar al metro, bajé de la micro con los ojos desbordados de lágrimas. Pero volví a secarlos, para evitar la mirada lastimosa de la gente. Llegué al andén y miré nerviosa la línea del metro. Imaginé un par de historias un poco suicidas sobre la imagen que se me presentaba. Luego subí al metro, escuché en mi celular un par de canciones que me hicieron sentir aún peor.
Llegué a mi casa, no quise saber más ni de ti, ni de mí. De nada. Absolutamente nada. Pero es tan inevitable que cada estúpida e insignificante palabra, imagen, situación, todo, me recuerde a ti. Puse una película y ahí me quedé (esperando tu llamado, pero claro!, tú no eres el de las sorpresas, recuerdas?).
El resto, es irrelevante. El resto ya lo sabes. De hecho, todo es irrelevante. Pero creí necesario escribirlo, grabarlo en un lugar que no fuese en mi memoria.

lunes, 28 de junio de 2010

·Winter

Creía que era un sueño...


' ...no era más que el comienzo del invierno.

·Love You ♥

Buscaba la manera de hacerte un regalo. No cualquier regalo, quiero el MeJoR ReGaLo de todos.
Quisiera darte algo con sentido, con un significado nuestro.
Me gustaría darte un corazón ♥ como el mío, que latiera para ti cada día.
Me gustaría darte un arco iris dentro de una caja, para que al abrirla iluminase tu sonrisa.
Te daría hasta mi vida, pero no imagino cómo. Te daría cada esencia de los recuerdos que hoy añoro.
Quiero hacerte un regalo, amor. Enserio el más hermoso deTODOS. Te daría la Luna, el SoL y el CieLo aZULOSO.
Te daría mi todo. En resumen, te doy mi Amor!
Te amaré de aquí hasta siempre. Para siempre seremos "Tú & Yo".
m&m's ♥ foreverandevertogether