
Como cada vez que ocurría, para ella no era nada más que un juego. Luego de acabar: 'Toma tus cosas y lárgate', decía fríamente. Era cosa de rutina, salir noche por medio a buscar algún chico con el cual acostarse y tener, simplemente, un poco de sexo. De ese sexo casual, sin amor, sin ni una pizca de amor. Él, exhausto, se vestía deprisa para luego desaparecer tras la puerta de la habitación.
Ella es una de aquellas mujeres que al pasar por la calle los hombres se voltean a verla. Es realmente hermosa, pero por sobre todo, coqueta. Le gusta usar escotes pronunciados y ropa que resalta su figura curvilínea. Suele concurrir a discotecas, lugares donde luego de un par de minutos ya tiene una buena cantidad de varones a la siga.
A pesar de esta suerte innata con el género masculino (y algunas veces femenino), ella no lograba sentirse cómoda consigo misma. Cada vez que prestaba su cuerpo para ser víctima furtiva y desenfrenada del placer, se sentía más sucia y vacía, y creía no poder hacer nada para remediarlo. Estaba absurdamente convencida que nada conseguiría llenar aquel vacío.
Llegó alrededor de la media noche a un bar cercano por un par de cuadras al departamento que arrienda. Se sentó y pidió un trago mientras observaba impaciente lo que se le ofrecía

en el lugar. Detectó entre la multitud a un joven un par de años menor que ella que llamó especialmente su atención, y como era de costumbre, se acercó provocativa para invitarlo a que la acompañara a su departamento. El joven se mostró entusiasta, y pronto ya se encontraban frente a la puerta del apartamento, ella con las llaves en las manos buscando la correspondiente a la puerta principal (los efectos del alcohol se lo dificultaban en demasía).
Cuando entraron al departamento, lo tomó de un brazo y lo llevó directamente hacia la habitación. Comenzó a besarlo mientras, desinhibida, comenzaba a quitarle la camisa al muchacho. 'Detente!', dijo el joven volviendo a abrochar los botones de su camisa, 'me invitaste sólo para esto?', pregunto ingenuamente. Ella, desconcertada, no sabía qué decir. No estaba acostumbrada a este tipo de reacciones. Generalmente las cosas se le daban fáciles, tal como ella las planeaba. No sabía cómo responder frente al rechazo del muchacho. Era una cosa de rutina, algo que nunca cambiaba: ir en busca de su presa (como ella lo llamaba), subir al departamento, desnudarse, tener sexo, y algunas veces dormir antes de que el hombre se retirara satisfecho luego de un intenso affaire con aquella fascinante mujer. Pero.. esto? Esto no era algo para lo cual ella se encontrase preparada. 'Pensé que nos conoceríamos, conversaríamos. No me darás tiempo para conquistarte?... Quizás fui demasiado ingenuo. Pero no podía rechazar la invitación de una chica tan hermosa. Aún así, no tengo intenciones de simplemente acostarme contigo para luego nunca más volver a verte', decía el muchacho 'no, yo no... yo... no puedo... no podría tener sexo sin conocerte, sin siquiera tener un poco de cariño hacia ti... Lo siento, pero si es eso lo que querías, conmigo estas perdiendo tu tiempo'. El joven se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.
Ella ya había comenzado, no iba a dejar que la presa se le escapara de entre sus garras. No dejaría que él atravesara esa puerta sin que antes le diera lo que ella quería. Si era necesario, pondría en juego todas sus tácticas de seducción para mantenerlo dentro de esa habitación. Quiso ser un poco más jugada e ir directo al grano, más que mal, todos los hombres con los que había tranzado siempre tenían una sola cosa en mente, todos tenían un mismo objetivo y el mismo punto débil: lo tomó firmemente por detrás y comenzó a deslizar la mano sobre su vientre mientras la introducía suavemente en su pantalón, 'y te vas tan luego?', susurró cerca de su oído con sensualidad. El muchacho, un tanto cohibido, retiró la mano de la chica con sutileza 'En serio, por favor... es que acaso no lo entiendes?'. Ella no respondió y bajó la cabeza. A su respuesta, él inquirió 'no te han hablado de amor?... no has sentido amor?... Entonces, a qué viene todo esto, toda esta entrega, si no es por amor?', suspiró 'Mira, piénsalo un poco y mañana veremos si lograste llegar a algo dentro de esa cabecita. Nos encontramos donde mismo. Yo estaré, espero encontrarte allí'. El chico sacó un papel arrugado de su bolsillo y un lápiz tinta azul. Escribió rápidamente sobre el papel, y luego lo depositó sobre las manos de la mujer 'mi número... para mantenernos en contacto' y luego se marchó.
Estuvo durante toda la noche pensando en aquel episodio. En el muchacho, en la manera en que la había tratado. Tan sutilmente. Ella no acostumbraba a tratar con hombres como él. No le cabía en la cabeza que existiera un hombre capaz de valorar el amor sobre el placer sexual, pues para ella, el hombre era un animal que seguía plenamente sus instintos y lo que su cuerpo le pedía. En este caso, su deseo sexual. Él era diferente, él llamaba su atención.
Comenzó a experimentar una suerte de obsesión durante el día. Recordaba al muchacho, su pelo castaño algo ondulado, sus ojos marrones, sus escasas pecas sobre los pómulos. Cada pequeño detalle cobraba un especial protagonismo dentro de sus pensamientos. Tomó el papel, sobre el cual resaltaban ocho números escritos de azul. Tomó su celular mientras marcaba vacilante los ocho números que aquel joven había escrito. Luego colgó. No quería llamarlo, pero tenía unas ansias locas por volverlo a ver. Quería tener la seguridad de que lo encontraría allí, en el mismo bar, a la misma hora esta noche.
Cuando ya era media noche, la mujer ya se encontraba sentada en la barra. Había pedido algo suave. Esta noche quería estar sobria para tomar la mejor actitud frente al muchacho, si lo encontraba. Él no apareció. Pasaban las horas, y ella no lo veía por doquier. Eran alrededor de las 3:00 a.m, cuando una mano se posó sobre el hombro inquieto de la mujer. Era él, la miraba sonriente: 'Pensé que no vendrías. Perdón por el retraso, pero tuve realmente miedo de que no te presentaras hoy'. 'Descuida', dijo nerviosa mientras lo miraba fijamente a sus ojos marrones '¿Vamos?'. 'Te sigo, preciosa', respondió el joven con una sonrisa un poco torcida.
Llegaron nuevamente al departamento. Esta vez, ella no tuvo problemas para encontrar las llaves. Estaba sobria, al igual que él. Entraron y se pusieron cómodos sobre el sofá.
'Bien, aquí estamos nuevamente. En tu apartamento', dijo el muchacho 'Por qué prefieres comenzar?, qué tal si me dices tu nombre? Yo soy Philippe'. 'Yo soy Nenita', respondió 'Digo... me dicen Nena, también puedes decirme así'. 'Y cuál es tu nombre, Nenita?', preguntó él. 'Sophie'.'Bien, Sophie... y tu edad?', siguió Philippe con las preguntas. 'Tengo veinticuatro', dijo la mujer. 'Tengo diecinueve', dijo el muchacho.
Siguieron hablando sobre sus vidas, conociéndose. De a poco Sophie dejó los nervios. Incluso en más de alguna ocasión rieron juntos, recordando importantes acontecimientos de sus vidas. Así, se les pasó volando la noche. A la mañana siguiente Philippe se retiró, satisfecho. Como la gran mayoría de los hombres que se retiraban de esa habitación, de ese apartamento: satisfechos. Pero él estaba satisfecho de lo que había logrado junto a esa mujer. Por primera vez Sophie había salido de caza, consiguiendo una presa con la que se sentía a gusto y conforme. Por primera vez, no había salido de casa en busca de sexo, o de algo pasajero. Sophie se estaba interesando realmente en aquel muchacho. Y el muchacho le correspondía en sus sentimientos por ella. Se podría decir que durante esa noche habían compartido algo que iba mucho más allá que una simple entrega carnal, porque ellos habían compartido sentimientos, emociones, experiencias. Ellos habían entregado su amistad, su confianza, a un completo desconocido. Pero lo más importante, era que así mismo dejarían de ser desconocidos. Pues no sería la última vez que verían.
Más tarde, Sophie se disponía a salir de compras. No tenía nada que comer, e iba a ir por algo que hacer de almuerzo. Abrió la puesta y sonó el timbre. Frente a ella se encontró con Philippe, con una mano sobre el timbre, mordiendo una pequeña margarita que rápidamente sacó de su boca para entregársela. Traía bolsas con comida china. 'Buenas tardes, traigo algo de comer. Puedo?', dijo mientras avanzaba un poco para entrar al departamento. 'Adelante', dijo Sophie y abrió la puerta. Dejó las bolsas sobre una pequeña mesa redonda del comedor, justo a un lado de la entrada, tomó a Sophie por la cintura, la acercó lentamente hacia él, y besó suavemente sus labios. Sophie sonrojó. Él sonrió y dijo 'Disculpa, creo que estoy llendo muy rápido'. 'Descuida, estás llevando el tiempo perfecto', dijo Sophie mientras esbozaba una sonrisa tímida.

