Medía apenas unos cuantos centímetros cuando comenzó a descubrir el mundo que lo rodeaba. No era muy complejo su entorno; más bien era un poco confuso, ambiguo, pero a pesar de todo, mantenía esa cierta monotonía dentro de su irregular variación. Eran tonalidades que iban desde el rojo intenso, hasta un color un tanto amarillento; pasando por el anaranjado, rosa, y a ratos, la plena oscuridad. Se sentía bien allí, le agradaba su hogar, o al menos eso acostumbraba a manifestar a su extraña manera. Le gustaba nadar y dar vueltas en su placentera piscina, aunque el limitado espacio tendía a evitar que desarrollara este tipo de prácticas; por lo que se conformaba con quedarse tranquilo mientras intentaba distinguir los extraños sonidos que atravesaban las paredes de su acogedor hogar. Era una voz dulce, una voz que lo conectaba indirectamente a un lugar que no conocía, pero a la vez, le parecía tan familiar. Era una realidad desconocida, una realidad que hasta ahora entendía como irreal, como abstracta, o simplemente no la entendía ni le llamaba la atención saber la existencia de ese 'algo más'. Mientras se hacían dinámicos juegos de luces en las vacilantes paredes multicolor, él metía su dedo pulgar en su diminuta boquita moviendo sutilmente sus extremidades inferiores; causando pequeños golpecitos contra el espectáculo presentado a su alrededor.
Ella sintió unos pequeños golpecitos, y respondió a ellos con sutiles palmaditas sobre su panza. Le entretenía realizar esta especie de "jueguitos" con la criatura que llevaba dentro su vientre.
Era una imagen conmovedora; observar a la muchacha con sus enormes ojazos brillantes mientras forjaba una fuerte conexión con el pequeño, por medio de esa comunicación tan única entre ambos. Cada mínimo sentimiento o emoción era transmitido instantáneamente a la criatura, y cada deseo de él, era también un deseo irrefrenable de su joven madre.
A pesar de aquellas molestas náuseas, vómitos e impulsivos antojos; para ella, nada haría que todo esto dejase de ser una grata experiencia. Incluso era capaz de afirmar que había sido la mejor de toda su vida.
Era una experiencia nueva, tanto para él como para ella. Había sido una noticia poco esperada para él, pero aún así bien recibida. A pesar de considerarse lo suficientemente maduros y responsables, habían notado que ciertamente los impulsos y "las hormonas" traían esa clase de consecuencias difíciles de predecir, e imposibles de corregir.
Se paraba frente a ella, cariñosamente, y acariciaba su vientre con ternura. Observaba la enorme panza de la muchacha y la examinaba detenidamente con cierta expresión de rechazo. Se agachaba un tanto para apoyar el costado de su cabeza contra el vientre de su amada e intentaba recibir algún tipo de señal que proviniese desde el interior de aquella abultada cápsula.
continuará...
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