viernes, 5 de marzo de 2010

·Girl

Se columpiaba suavemente mientras una leve brisa se enredaba entre su cabello rizado color caramelo. Era un columpio de madera, sujetado firmemente a la rama de un árbol con una cuerda de fibras cuidadosamente trenzadas. Llevaba un pomposo sombrero blanco, adornado al puro estilo del rococó. Del sombrero colgaban unas presuntuosas cintas rosa pálidas; que sin la cándida esencia de la niña, perderían toda gracia y elegancia. Traía puesto un vestido que hacía un perfecto juego con su sombrero. Un vestido blanco, con finos detalles que molestaban un poco a la vista, pero con la simplicidad del paisaje, conformaban una excelente armonía.
El balanceo producía un sutil crujido. Siempre la misma intensidad. No variaba la velocidad, ni el sonido, ni la respiración calmada de la muchachita. No cambiaba nada. Todo era tan monótono. Nada interesante, salvo el simple hecho de observar la majestuosidad de la niña.
Me producía una suerte de melancolía. Tan sola, tan tranquila. Tarareaba una cancioncita con su dulce voz, mientras observaba el vacío con gran expectación.
Su piel pálida, sus ojos color miel. Un suave rubor coloreaba sus mejillas. Sus pies descalzos se balanceaban sutilmente. Se aferraba con delicadeza a las cuerdas que sujetaban el columpio.
No ocurría nada. Esperaba que ocurriera algo, impaciente. Pero ya era suficiente con sólo eso. Si ocurriera algo, ya no sería lo mismo. Si ocurriera algo, ya no sería "la niña del columpio". Si ocurriera algo, no querría estar ahí. No quisiera estar presente en tal ruptura de la perfecta armonía...

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