El balanceo producía un sutil crujido. Siempre la misma intensidad. No variaba la velocidad, ni el sonido, ni la respiración calmada de la muchachita. No cambiaba nada. Todo era tan monótono. Nada interesante, salvo el simple hecho de observar la majestuosidad de la niña.
Me producía una suerte de melancolía. Tan sola, tan tranquila. Tarareaba una cancioncita con su dulce voz, mientras observaba el vacío con gran expectación.
Su piel pálida, sus ojos color miel. Un suave rubor coloreaba sus mejillas. Sus pies descalzos se balanceaban sutilmente. Se aferraba con delicadeza a las cuerdas que sujetaban el columpio.
No ocurría nada. Esperaba que ocurriera algo, impaciente. Pero ya era suficiente con sólo eso. Si ocurriera algo, ya no sería lo mismo. Si ocurriera algo, ya no sería "la niña del columpio". Si ocurriera algo, no querría estar ahí. No quisiera estar presente en tal ruptura de la perfecta armonía...
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