
Estaba completamente desolada. La aflicción calaba sus huesos, y el dolor atravesaba escalofriante su espina dorsal. Ya no quería más vida, a pesar de notar la cobardía que demostraba aquel estúpido pensamiento. Se sentía una mierda, realmente una mierda. No podía creer cómo había soportado tanto tiempo sabiendo que su estado jamás mejoraría, no sabía cómo había sido capaz de hacerse creer que tenía si quiera alguna oportunidad para revertir los errores. Pero ya era tarde, ya todo estaba consumado. No había vuelta atrás ni suficientes fuerzas para cometer tan cruda atrocidad a la cual derivaban cada uno de sus pensamientos. Era cobarde, suficientemente cobarde como para ni siquiera atreverse a cometer una simple cobardía.
Buscaba maneras de desquitarse. Buscaba maneras de olvidar, pero el olvido era una más de sus salidas fáciles. Intentó provocarse cortes, poco profundos pero dolorosos; aún así no logró su anhelado objetivo: ocultar aquel sufrimiento, con el dolor físico y torturante causado por sí misma. Intentó provocar quemaduras en su piel, sin ningún resultado que la convenciese totalmente.
A veces se preguntaba dónde estaría la felicidad. Por qué no le tocaba ser feliz a ella. A veces simplemente se dejaba llevar por la música e intentaba alejarse de eso llamado “realidad”, intentaba distraerse dibujando abstractos, intentaba manifestar sus inquietudes exponiendo absurdos escritos.
Era tan patética. No la conocían, ni se conocía a sí misma. No la querían, ni ella misma quería quererse. Siempre intentando dar en el gusto a la gente, pero jamás pudo lograrlo. Era demasiado cobarde!, le acobardaba esforzarse en lo más mínimo. Era perezosa. Era negligente, descuidada; de esas que todo lo dejan para última hora. Pero quería agradar a la gente. Quería ser “alguien” para esa gente a la que amaba y respetaba. Pero nunca fue nada; siempre fue la segunda, la tercera, cuarta y a veces hasta la última.
Esta vez quería ser más… Esta vez quería al menos quedar en cada uno de sus recuerdos. Quedar presente de alguna manera… Quería que todos fuesen testigos de su propia muerte…
Subió a un puente y miró hacia abajo. Los nervios la consumían. La cobardía la paralizaba. Los autos pasaban y comenzaba a arrepentirse.
-“No, no puedo” – dijo, mientras daba la vuelta y se marchaba.
De pronto un auto sin control (a exceso de velocidad) frena en seco causando gran estrépito. Se desvía por casualidad, dirigiéndose directamente hacia la chica. La golpea fuertemente y la lanza por los aires, cayendo justamente bajo el puente.
Era el fin de sus días. El fin de todo. Por fin todos la recordarían… como la persona a la quien ganó la cobardía…
1 comentario:
waaa xke escribes tan beio..
aunke al final hay ke ordenar la idea xke se lee raro xP
pero iwal esta muy beio *-*
esop
te kiero!
atte
juka (:
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