
Oscuridad. Intensa oscuridad la rodeaba, y ella, sin poder hacer nada. Una extraña sensación de angustia se apoderaba de Paula, una desesperación torturante, un pánico agónico y tormentoso llenaba cada rincón de si misma.
Paula, taciturna y desconcertada, recorría a tientas el lugar.
De pronto, comenzó a sentir voces, muchas a la vez, juntas, al unísono. Paula intentó reconocerlas, y comenzó a hacer señas mientras aclamaba por ayuda. Nadie la oyó, y pronto las voces comenzaron a desvanecerse en el eco de la silenciosa oscuridad [?]. Paula gritó con más fuerzas, la desesperación desbordaba de sus ojos y las lágrimas caían lentamente por sus suaves mejillas.
No comprendía nada. ¿De dónde habría salido tal oscuridad?, ¿por qué se hallaba tan sola allí?, ¿de quiénes eran aquellas voces y por qué no la habían oído, a pesar de gritar con todas sus fuerzas? Las dudas daban vueltas por su cabeza sin hallar ninguna respuesta que las resolviese. Paula se encontraba confundida, y las respuestas que esperaba, no llegaban a tiempo. Comenzó a correr, sin tomar en cuenta la idea de que no sabía dónde estaba, y que podría tropezar y caer; e incluso algo mucho más peligroso. Simplemente corrió, abatida por la incertidumbre.
Sintió una voz susurrar despacio en su oído "Paula,¿estás bien?... Paula?". Era una voz suave que le pareció muy familiar. Paula se detuvo en seguida y sintió que unas gélidas manos la tomaban por los hombros para luego sacudirla sutilmente.
Paula reconoció la gracia con que aquellas manos la sujetaban con suavidad, y la ternura con que aquella gentil voz inquiría con preocupación y serenidad.
- "¡Amanda!" - dijo Paula...
De pronto, la oscuridad desapareció. Unos tímidos rayos de sol atravesaban los cristales de la ventaba, para posarse sutilmente en las mejillas de Paula.
- "Paula, amor mío, ¿te encuentras bien?... No fue más que una pesadilla, amor... no más que una pesadilla" - susurraba Amanda mientras rodeaba a Paula con sus frías y delicadas manos - "Aquí estoy... Aquí estoy..."
Los latidos de Paula estaban desbocados, ya casi no le quedaba aliento. Sus ojos estaban empapados en lágrimas, pero las suaves manos de su amada secaban sus mejillas, mientras Paula se tranquilizaba en la protección de un acogedor abrazo.
- "¿Ya estás mejor, amor?... Ya todo pasó... Ya estoy aquí, amor mío. Estoy aquí, junto a ti...."
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