miércoles, 10 de febrero de 2010

·Say Good Bye



Era un día perfecto para Sophie. La veía correr alegre por los pastizales, mientras me carcomían por dentro las ganas de terminar ya con el suspenso. Tenía que contarle, ahora... debía contarle. Pero me inundaba el miedo, el mismo miedo que no soportaría ver en ella.
Tomó mi mano, traviesa, y me llevó a ligeros pasos por el césped. Tomó una flor anaranjada y la arrancó. Me miró con sus enormes y expresivos ojos color miel, y extendió su delicada mano aferrando la flor con sus finos dedos: "Toma, amor... Para ti", dijo la mujer más hermosa del mundo entero. La recibí y retiró rápidamente sus suaves manos, se dio la vuelta y comenzó a correr de nuevo, juguetona.
Me encantaba verla así, alegre. Mi alma se llenaba de felicidad con sólo ver su hermosa sonrisa, a pesar de la enorme pena que ocultaba mi máscara de despreocupación.
Había un gran problema que me aquejaba, pero tenía que callarlo. No quería arrebatarle su felicidad ahora, debía buscar el momento indicado. Pero a la vez, necesitaba compartir este sentimiento con ella "Tus problemas son los míos, amor. Debes confiar en mí. Ahora somos dos, hay que pensar en dos", era lo que siempre me decía Sophie.
Se acercó sonriente a mí y me atrapó entre sus ligeros brazos.
"Te amo" - dijo Sophie. Y todo en mi interior comenzó a causar una especie de corto circuito.
Yo también la amaba, y de alguna manera mi alma quería quedarse a su lado. No quería separarme nunca de ella, jamás. Pero el destino quería todo lo contrario. No había más que pensar, ya no podía esconder más esta pena que me quemaba por dentro. Debíamos hablar.
"Sophie..." - dije casi en susurro.
"Dime, amor" - dijo mientras se alejaba revoloteando como una mariposa; danzando con elegancia entre los pastizales. No me salía el habla. No quería aceptar la cruda realidad de alejarme de ella para siempre. Y el hecho de decirle, de explicarle; sería como asumir y reconocer que esta hermosa historia de dos llegaba a su fin.
"Sophie, te amo..." - respondí, con la voz temblorosa...
"También te amo, Carla" - dijo Sophie, confundida - "¿ocurre algo?"
"Debo irme, amor... lejos. Esta es una despedida... Te amo, jamás te olvidaré..."
Fueron las últimas palabras pronunciadas. Luego, Sophie me abrazó. Pude ver sus lágrimas correr por sus suaves mejillas rosadas. La abracé, aferrándola fuertemente contra mí. Lloraba desconsoladamente, al igual que yo. No hubo más que decir. Los hechos decían mucho más que las palabras...

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