
Andrés se acercaba algo nervioso a ella. Se sentía un poco vulnerable a cada unas de las sensaciones que le podría provocar esta sutil aproximación. Era propenso a manifestar aquellas fuertes sensaciones con cada milímetro de su cuerpo. Sabía que carecía de algún tipo de frenos a sus impulsos alocados. Aún así se dejaba llevar por el placer que le provocaba sentir la tibia piel de aquella mujer junto a él, tan cerca el uno del otro. Acariciaba frenético a su compañera, y comenzaba a desvestirse mientras hacía lo mismo con ella. A medida que aumentaba el ritmo de los desbocados latidos de su corazón, aumentaba la agitación de su respiración, y apresuraba la cadencia con que danzaban idecisas sus manos sobre el cuerpo de su am
ada.
De pronto, la chica se negó. Andrés, vacilante, intentó continuar lo que ya habían comenzado. Pero ella volvió a negarse.
No sabía qué hacer. Aún continuaba con aquella sensación de desenfreno. Aún seguía entusiasmado con la situación que acababa de experimentar. Aquel fugaz episodio había dejado una serie de reacciones inconclusas, entre aquellas: la rigidez de algún lugar específico de su agitado cuerpo. No quería continuar y obligarla, pero todo su ser le pedía a gritos sordos que continuara con el cometido, y sus esfuerzos se hacían nada frente a ímpetu de su voluntad.
Andrés se apartó tímidamente de la mujer, mientras se ocultaba un tanto avergonzado.
Su compañera se acercó vacilante y provocativa hacia él. Andrés la rechazó, temiendo que esto fuese nuevamente a acabar dejándolo con la euforia a flor de piel. Pero la mujer continuó con sus incitaciones, y comenzó a estimularlo inocentemente en su zona más vulnerable. Andrés se dejó llevar, y travieso comenzó a frotar la piel de la mujer al momento que se subía sobre ella.Comenzaron a juguetear, mientras las caricias iban perdiendo su cándida esencia...





